... ¿por vacaciones?
No.
¿Porque me voy con Luis a algún lugar maravilloso a perdernos día tras día y noche tras noche?
Tampoco.
¿Porque me caso mañana?
Ni mucho menos.
¿Porque he pillado la gripe porcina?
Para nada.
Cierro durante unos días porque estoy tratando de pasar sin arrastrar asignatura alguna a tercero de Derecho.
Vamos, que me voy a estudiar.
Pero volveré (mal que os pese.)
Una de las cosas que me gustaría explicar es que la situación del posible despido de Paco, amén que real, no era en realidad el tema de debate. Lo que me interesaba saber era, precisamente, lo que muchos habéis contestado: que a veces es mejor olvidar que putear.
Digamos que, como mencioné ya en algún comentario, no depende exactamente de mí el despido. Quien esté en una empresa familiar por sucesión sabrá perfectamente que en esas empresas tú puedes tener todo el poder legal, pero quien sigue dirigiéndolo todo es la familia, tenga la edad que tenga. Vamos, no me veo yo tomando decisiones de ningún tipo por mucho que mi padre esté jubilado.
Las empresas familiares sucedidas son una farsa. Los hijos somos monigotes para que ellos puedan seguir haciendo y deshaciendo hasta que el cuerpo (y no la Ley) diga basta.
Dicho esto aclaro que:
El hecho de ser impulsiva atendía a otra circunstancia más, y es que Paco se permitió decir (también) que yo no le llamaba ya nunca y que no le saludaba, lo que era de mera educación. Yo quería que él supiera que yo no era una maleducada ni una desprendida: es que no quería saber nada de él debido a su comportamiento para conmigo. Quería decirle: "y no te quejes nunca más de que no te saludo, porque es lo que te has ganado, imbécil" (y girarme lentamente y bajar unas escaleras dándole la espalda, algo muy dramático y peliculero.)
También quería que supiera que me ha hecho daño. Lo que no podemos es dejar que la gente haga daño sin más, y encima se vaya creyendo que el herido es él (porque yo soy una interesada bla bla bla.) Creo que tiene que saber lo que ha hecho, no por ayudarle, no pretendo ayudarle, sino porque le requiero pierda el sueño como me lo ha hecho perder a mí. Que tenga la conciencia un poco inquieta.
Al final decenas de voces se han alzado con un "pasa de él" y "no vale la pena" y seguiré esa línea. Pero Paco seguirá pensando que soy una maleducada por no saludarle, una desprendida, que él es una víctima de mi retorcida sexualidad y además una pringada porque, ale ale, yo sigo aquí trabajando gracias a lo que tú hiciste por mí, pero ahora para tu padre soy intocable.
Hay que joderse.
Pd.: y desde hoy (a menos que suceda algo extraordinario) Paco ya no forma parte de mi vida. Paco, Paco, ¿quién coño era Paco?
Este post es largo, complicado y coñazo, pero por primera vez en cuatro años escribiendo, necesito vuestra opinión.
A mi mejor amigo Paco le conocí porque se enamoró de mi amiga Lorena, hace ya ocho años. Al tiempo, inicié una relación con su amigo Jandro, que no funcionó del todo. Es decir, Jandro y yo dejamos de ser "novios" para pasar a ser "amigos con mucho derecho a roce." Mientras, Paco y Lorena tomaron la decisión de vivir juntos. El problema estaba en que ella vivía aquí, en mi cuidad, y él vivía en otra ciudad, la misma en la que vive Jandro.
Acudieron a mí y le conseguí un trabajo en la empresa de mi familia. Así Paco se mudó del Sur al Norte y emprendió su vida conyugal con Lorena. Un par de años de relación bastaron para sacar a relucir cientos de diferencias entre ellos. Su convivencia deterioró hasta tal punto su amor, que llegaron a agredirse física y vebalmente. Todo confluyó en un sinfín de discusiones y peleas de un nivel de agresividad inaceptable que nos hizo posicionarnos irremediablemente a Sonia y a mí (ambas muy amigas de Paco y de Lorena) hacia uno o hacia el otro.
Como quiera que yo trabajaba ya entonces en la asociación de maltratados y Paco se presentara en mi casa llorando con el rostro ensangrentado por culpa de los golpes y arañazos que, en su última gran pelea, Lorena le propinó, sentí que Paco me necesitaba y que yo no podía posicionarme del lado de una persona que pega a otra (sea del sexo que sea, evidentemente.)
Paco abandonó el domicilio conyugal pero, agobiado por las deudas me volvió a pedir ayuda. Intercedí frente a mi familia para que la empresa le concediera un crédito a devolver sin intereses y convencí a mi hermana (que vivía entonces por trabajo en Colombia) para que le cediera su piso en la zona más pija de mi ciudad a sólo 500€ al mes de alquiler. Los dos años siguientes, estuve todos los fines de semana cuidando de él, combinando mis vacaciones con él y recuperándole de la depresión que arrastró por la separación.
Salió adelante, y volvió a enamorarse. Pero esta segunda historia se rompió (ella le dejó) en septiembre del año pasado. Durante varias noches, Paco estuvo llorando a mi hombro.
Un fin de semana, muy afectado por esta nueva ruptura, se fue a su ciudad con sus amigos, entre ellos, Jandro. Jandro y yo nos acostamos cada dos años más o menos, cuando coincidimos y nos apetece a los dos.
Volviendo de ese fin de semana, Paco se presentó en mi casa y me dijo que un amigo (no especificó quién) le había dicho que yo había hablado mal de él con Jandro, con quien me hablo cada dos o tres meses. Seguramente es cierto: Paco es una persona difícil y todos hemos comentado alguna vez que su carácter necesita unas clases de taichi o yoga. Además, añadió que me "prohibía" volver a acostarme con Jandro.
Le dije que no era mi marido y no tenía ningún derecho sobre mis relaciones sexuales. Dijo que se sentía mal porque yo me acostaba con su amigo y sospechaba que mi amistad con él era "interesada", es decir, que éramos amigos porque así yo podía seguir viendo a Jandro o irme de vacaciones gratuitas a la ciudad de ambos.
Paco tiene ahora otra relación. Desde que empezó y a pesar de repetidos intentos por mi parte, no hemos vuelto a vernos. Así que ayer, como Sonia tenía que verle por motivos profesionales, le dije que le preguntara si le pasaba algo conmigo.
Paco le dijo que yo era una mentirosa porque sí había hablado mal de él, pero no en tono "cotilleo" sino en tono ofensivo. Que era una interesada y sólo iba con él porque quería ver a Jandro cuando iba a su ciudad. Y que le molestaba tener que quedar conmigo precisamente cuando estaba con Jandro.
Hace dos años hizo algo parecido con Jandro respecto de mí, es decir, acusarle de falso e interesado para poder verme a mí. También dijo que era un mentiroso por una tontería que no recuerdo. Estuvo dos años sin dirigirle la palabra y malmetiendo contra él, prohibiéndonos verle o hablar con él (cosa que no respeté porque no veía cuál era el problema.)
Llegados a este punto tengo que explicar que ayer al saber todo esto por Sonia me entraron todos los demonios: ¿cómo puede una persona a la que has ayudado, apoyado, tanto en sentido emocional, como profesional, a quién has querido, escuchado, y con la que has compartido tu vida, tus viajes, tu familia y tus amigos, por quién has incluso renunciado a otras amistades, llegar a la conclusión de que tú eres una interesada y sólo has hecho todo esto por echar un polvo?
Soy intransigente al máximo con este tipo de cosas relacionadas con la amistad.
Mi amiga Sonia trató de contenerme porque me conoce: "deja pasar el tiempo, Amanda, no hagas nada ahora y ya veremos por dónde salen las cosas."
Lo que a mí me presta es despedirlo la semana que viene (tengo la mayoría de las acciones de la empresa y puedo tomar ese tipo de decisiones, si convenzo a mi padre, lo que no es difícil) y decirle que nunca en la vida se vuelva a dirigir a mi persona, sin más explicaciones.
Es una mala persona, me ha hecho daño, me ha tildado de interesada, mentirosa y medio puta (cosa que insinuó también en alguno de sus discursos) y he llegado a la conclusión de que además es un paranoíco y un imbécil. Y no quiero nadie así en mi vida ni por asomo.
Y la pregunta es: ¿soy radical como me nace o soy racional como me aconseja Sonia?
No vale el "habla con él": no pienso dedicarle ni un segundo de mi tiempo a ese desagradecido.
Cuando veo en el display del móvil "Enrique" me lanzo como una gilipollas a él (al móvil, me refiero, que a Enrique lo tengo demasiado lejos) y contesto: "holaaaaaaaaaaaaaaaaaa". Es decir, el clásico gritito estúpido que sólo Enrique sabe arrancarme.
- Holaaaaaaaaaaaaa.
Contesta él, en iguales condiciones.
- ¿Cómo estáaaaaaaaaaaaaaaaas?
Y seguimos con la tontería.
- Bieeeeeeeeeeeeeeeeeeen.
Bueno, ¡basta ya! Que tengo 38 años.
- Que sí, -me dice- que te sigo queriendo.
- ¿Perdón?
- Me mandaste un mail hace unos días. Y sé que me mandas esos mails cada tres o cuatro meses para saber si te sigo queriendo. Te quiero Amanda, sí. Eso no creo que cambie nunca.
(pues deja de una vez a la puta novia que te sacaste tras dejarme -o para dejarme- y ven a mí, cariño.)
- Yo también te quiero.
- Lo sé, por eso te sigo queriendo tanto.
Fin de la conversación.
A veces creo que ser la amante de un hombre casado no es más que una continuidad a esa especie de amor imposible entre Enrique y yo. Y no, no es imposible porque él esté lejos, porque me dejó, porque en realidad no estábamos, ni muchos menos, hechos el uno para el otro. Creo que es imposible porque después de siete años desde la última vez que estuvimos juntos, como pareja me refiero, es imposible seguir queriéndonos tanto. Pero a él y a mí nos gusta pensar que nada es imposible.
¿Por qué el único tío de todo el barrio que está bueno, que además lleva tres meses echándome miraditas, que hace tres semanas se atrevió a detenerse a hablar conmigo con una ocurrente excusa ("¿sales siempre a la misma de hora de casa? ¡No encuentro otra explicación al hecho de que nos crucemos cada día en este mismo punto!"), que desde ese día se detiene en ese mismo punto para hablar conmigo, que me ha invitado a verle actuar (porque es actor de teatro), que me mira a los ojos y al escote alternativamente, que me está empezando a gustar, que me está haciendo cambiar costumbres y correr más de lo habitual para salir divina de casa y volver a encontrármelo, que anteayer llegó a decirme su nombre, presentarse y plantarme dos besos, que tiene a mis amigas locas con la historia que han llamado "Encuentros en la tercera esquina", por qué ese hombre que tiene que ser para mí ¡está casado!?
¿Por qué?
Mi ex compañera de universidad Nati dirige una consulta de seis profesionales y se ha comprado un Mini Cabrio con asientos de piel color camello.
Le pregunto hoy cuando me la cruzo por el centro de mi ciudad cómo coño se lo ha montado para llegar tan alto en la profesión, si la tía es mala de cojones (esto último lo obvio, claro, pero mi pensamiento es tan insistente que casi creo puede escucharlo.)
Nati me dice que ella lo coge todo: si viene alguien preguntando si hay una solución para dejar de leer el periódico empezando por el final, lo manda a terapia psicoanalítica. Si la cuestión es que tiene un hijo esquizofrénico, lo manda a terapia psicoanalítica, pide que venga el hijo, la hermana, el padre y los abuelos aunque tengan alzheimer (para ellos, como plus, les propone un neuropsiquiatra de su equipo.)
Nati no se caracterizaba en la universidad por ser precisamente ética: llegó a robarle el examen a una compañera para copiarlo y cuando pescaron a la compañera sin examen se calló como una mala puta.
Pero sus métodos rozan lo ilegal, a mi modo de ver.
Sobre todo cuando me contó que su último paciente era un chico que había perdido a su novia en un accidente de tráfico hace tres semanas.
- Nati, -le digo-, los psicólogos no podemos incidir en un proceso de duelo. Tú sabes lo perjudicial que es eso.
Y es que en procesos de duelo, sean por separaciones, divorcios, rupturas o en el extremo más complejo, la muerte, hemos de dejar que se sucedan las etapas que, de forma natural, estamos sobradamente preparados para superar.
Nuestra mente sabe perfectamente que hemos de perder, de sufrir, de llorar, de morir, y de despedirnos. Lo sabe, y por eso está preparada para ello. Sabe que forma parte de la vida. Que los que hoy están, dejarán de estarlo algún día. Que no está, de hecho, preparada para estar 24h al día durante los 365 días al año junto a alguien, porque eso no es vida.
Y es lo que a veces queremos: no perder, no despedirnos, no decir adiós. Y por eso tiene mecanismos para afrontar esa rebeldía. El duelo, que pasa por la fase de negación, de rabia, de tristeza y de aceptación, es un proceso que impregna nuestras neuronas. Ir contra él, adelantarlo, superarlo antes de pasar todas esas etapas, es el caldo de cultivo de trastornos emocionales, bloqueos y enfermedades mentales.
Se lo repito a Nati.
Y me dice: "genial. Así le tendremos en consulta de nuevo en un tiempo."
Por primera vez en años, me he sentido orgullosa de mi mierdecita de coche.
1. El personaje de Lisbet está lleno de tópicos, como si una mujer con piercings, tatoos y una sexualidad ambigüa forzosamente tuviera que tener un padre que maltrataba a su madre.
2. La trama es absolutamente previsible.
3. Mickael no pega ni el sello en toda la novela: de no ser por Lisbet jamás hubiera avanzado ni un solo paso en la investigación.
4. Por supuesto tenía que haber un pasado nazi en todo esto.
5. Por supuesto también tenía que haber un multimillonario en todo esto.
6. Hackear ordenadores simplemente tecleando "acceso al pc de Mickael" es un insulto al hackeo.
7. ¿Era necesario describir con tanto detalle cómo violan a Lisbet?
8. ¿Tanta movida para que a Harriet le hubiera pasado sólo eso?
9. El hecho de que Mickael sea un periodista no es en absoluto relevante. Lo mismo podría haber sido carpintero o encofrador.
10. La frase de Lisbet a su madre es escasa, sin profundidad: "no hay que enamorarse de un hombre, ¿verdad mamá?" Y se queda tan ancha.
Espero que Millenium 2 no me parezca tan mala, pero no tengo más remedio que darle una oportunidad: más de un millón de fans incondicionales no pueden estar tan equivocados.